Mensaje del G.P.M. Marco Antonio Virgen Martínez

Venerables y Queridos Hermanos,

Concluyo este ejercicio masónico, con un sentido de satisfacción total. No es para menos, por que las condiciones en que un servidor inició su gestión como Muy Respetable Gran Maestro de la Gran Logia “Unida Mexicana” fueron en extremo adversas. Las más difíciles en la historia de nuestra Gran Logia, sin lugar a dudas.

Hacia marzo de 2017, resultaba indispensable que nuestra Augusta Institución retomara el sendero de la legalidad, que abatiera los intentos de apoderamiento de quienes querían presentarse como sus salvadores, y que no se volviera pertenencia de facción.

Debo reconocer, en primer lugar, la entereza y la autoridad moral de los past grandes maestros, que en todo momento pugnaron porque se respetara nuestra Constitución. Ello, como bien recuerdan, trajo consigo la posibilidad de celebrar en abril de 2017 las elecciones (que debieron haberse verificado en marzo de ese año), en donde un servidor contó con el apoyo mayoritario de las respetables logias simbólicas y los venerables hermanos con asiento en la Alta Cámara. Todo esto no habría sido posible sin la iniciativa de quienes me antecedieron en esta alta encomienda. Por ello, en primer lugar, debo expresar mi total reconocimiento a los Grandes Maestros pasados, que tradujeron su aprecio a nuestra Institución en acciones concretas y viriles que impidieron ilegales reelecciones y robustecieron la libre auto determinación de los masones.

Así pues, esta Gran Maestría a mi cargo, inició su gestión con el objetivo claramente definido de reconducir a la Gran Logia “Unida Mexicana” hacia un derrotero de unificación y respeto a las normas. En este proceso, durante los meses subsecuentes a mi investidura, hubo necesidad de enfrentar el amargo desencuentro con aquellos hermanos que, confundidos, optaron por sostener la falacia de que mi antecesor seguía desempeñando un cargo cuya caducidad había llegado desde el mes de marzo, por disposición expresa de la ley.

A casi dos años de tales eventos, puedo decir -y la mejor prueba se tiene a la vista- que la Gran Logia “Unida Mexicana” superó el temporal y subsiste, pese a los intentos destructivos de aquellos que poco aprendieron de lo que se enseña en nuestros templos. Subsiste, con las Logias y los hermanos que a ellas pertenecen, robustecida y dignificada, con la dignidad que sólo puede obtenerse cuando se privilegia la razón, la legalidad y el diálogo.

A 20 meses de haberse recuperado la Gran Logia “Unida Mexicana”, recuperado tanto en el sentido material como moral, legal e histórico, el saldo es favorable en la medida en que la inmensa mayoría de las logias sufragáneas se encuentran activas, operando regularmente, a plomo con la Gran Tesorería, y sus miembros trabajan con la certeza de que podrá construirse un futuro promisorio con aquellos que quieran y deseen respetar nuestros principios y vivir con estricto apego a la legalidad.

El papel de un servidor, en más de un momento, debió desarrollarse no solamente en medio de dificultades: también entre incomprensiones, entre críticas y acusaciones que, a la postre, carecieron de fundamento. A todos aquellos que apostaron por que la Gran Logia “Unida Mexicana” abatiera sus columnas, ahora les digo: fallaron. La Masonería en Veracruz ni está dividida ni está menoscabada.

En este proceso de reconstrucción, quienes no aceptaron que la opinión mayoritaria es la que debe prevalecer en cualquier institución democrática (y la Masonería es el baluarte de la democracia en América), debieron retirarse. La decisión de defender a la Gran Logia de sus detractores, de quienes han querido mermarla y lucrar con ella, de hacerla parte de su patrimonio material y político, nunca es y nunca será una decisión sencilla. Hubo necesidad de ser firmes e inflexibles, porque los tiempos así lo exigieron. Siempre existió la posibilidad de que quienes no entendían que la Constitución de la Gran Logia “Unida Mexicana” es y debe ser inviolable, rectificaran. Quienes lo hicieron, se encuentran nutriendo nuestras filas. Quienes optaron por anteponer la estulticia a la razón, la Masonería les dice que no los desea en sus templos y, sobre todo, que no los necesita.

Estoy seguro de que, quien a partir de mañana adquiera el compromiso de dirigir el destino de esta noble institución, lo hará con sabiduría y prudencia, y acompañado de hermanos acrisolados en la fragua de la hermandad que, como dicen los textos sagrados, emana del amor más puro, que siempre será comprensivo, servicial, se multiplicará con cada buena obra, y todo lo perdonará. A nuestro Gran Maestro corresponderá, a partir de mañana, iniciar otra fase en nuestra amada Gran Logia: la que conduce a la total reconciliación que quedará a su prudente arbitrio con el consenso de los masones de Veracruz.

Venerables y Queridos Hermanos,

Me despido de esta Gran Maestría contento y satisfecho del deber cumplido. Este día, agradezco al Gran Arquitecto del Universo haberme dado la oportunidad de servir a mis hermanos y a la Institución que todo me ha dado en mi vida; pero, sobre todo, agradezco al Eterno haberme permitido cumplir con el primer deber de todo Gran Maestro: garantizar que tendré un sucesor, porque nuestra Gran Logia está viva y activa, y sus miembros de pie y al orden.

A todos Vosotros les expreso mi gratitud infinita por la oportunidad brindada y las enseñanzas que recibí de cada uno de Ustedes. Dejo este encargo cierto de que viví la experiencia más constructiva. Espero que, ante todo, cuando valoren mi desempeño en esta encomienda, sean benignos, y tengan siempre la certeza de que mi vida como masón continuará y que, desde mañana, como un operario más de la Masonería, empeñaré todo mi esfuerzo en ser el mejor de sus hermanos.

Que el Gran Arquitecto me ayude, y derrame sobre todos nosotros su luz y bendiciones.

Que así sea.

Fraternalmente
Marco Antonio Virgen Martinez

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *